Autora: Núria Sáez Gómez

La imagen corporal versus la autoestima nos sitúa en el contexto de desgranar dichas palabras claves: La  imagen corporal  palabra “imagen” viene del latín “imago” (retrato, copia, imitación) y corporal viene del latín corporalis y significa “relativo al cuerpo”. Y referente a la  autoestima, se ha ir a la raíz del término, por lo tanto se ha de diferenciar en “auto” del griego αυτος (autos = por sí mismo) y  la “estima” latín aestimare (evaluar, valorar, tasar).  

Según el Diccionario de la Real Academia (2001), la palabra autoestima, que significa ‘valoración generalmente positiva de sí mismo’, es un sustantivo que tiene género femenino: la autoestima, una gran autoestima.

De esta manera engloba un sustantivo que determina “hablar de uno mismo” requiere un conocimiento profundo de sí mismo en los distintos planos de la persona, es decir, tanto del plano individual como del colectivo.  Y aunque referencia la evaluación del cuerpo, va más allá al tener intencionalidad de imitación o de evaluación sobre el mismo.

Y con un constantes cambio que hará reevaluar que significa “hablar de uno mismo” cuando estamos en una espiral que nos lleva a una evolución sin pausa del ciclo vital, y teniendo presente el entorno cultural y social con el que interactuamos.

Es así que los roles para los cuales adoptamos unas formas de comportarnos y de pensar específicas,  y que nos sirven para desempeñar con éxito las funciones que atañen al ámbito para las cuales las hemos adoptado. 

La persona en su esencia es un ente que engloba distintos factores que le hacen único e irrepetible. 

Los factores biológicos, mediante la carga genética nos definen a nivel físico (altura, peso, color  de ojos, fototipo de piel, calidad del pelo…); los psicológicos engloban nuestros pensamientos y creencias respecto a nosotros, nuestra realidad y el mundo que nos rodea y por último existen los factores sociales que se refieren a los inputs externos, la cultura y las influencias por parte de los demás que influyen en nuestro ser de manera biopsicosocial. Todos estos aspectos que nos definen y marcan nuestra individualidad son lo que denominamos “autoconcepto”.

La palabra “autoconcepto” proviene del latín “concepto” conceptum, y este del verbo concipere, que significa concebir. Se puede deducir que nos aporta cómo, qué, para qué, dónde… construimos, y a un devenir de construcción del yo constante.  En muchas ocasiones apenas somos conscientes de los cambios o refuerzos, ya que se instalan mecanismos o  automatismos, de los cuáles se quedan en un engranaje del que se ha de huir cuál del autoconcepto ideal, y acercarse al autoconcepto más real o cercano.

Así se conforma este autoconcepto con una parte cognitiva y otra emocional.  La parte cognitiva se refiere a la “autoimagen” y responde a las preguntas “ ¿Cómo me veo? ¿Cómo me ven los demás? y ¿Cómo creo que me ven?”. Es por tanto la evaluación que realizamos de nuestro autoconcepto en cualquier momento.

El problema, o una percepción equívoca, viene cuando observamos nuestra realidad con unas “gafas cuyos cristales están sucios”, con una mirada distorsionada, y nos conducen a realizar valoraciones erróneas que nos generan malestar y dañan nuestra “autoestima” que constituye la parte emocional del autoconcepto y es el juicio o valoración que hacemos del mismo.

Mantener una buena autoestima es imprescindible para vivir de forma saludable y en equilibrio.

La vida en sí misma, las etapas por las que pasamos y muchas vivencias que nos van sucediendo, pueden hacer que esta visión y valoración de nosotros mismos se vean gravemente afectadas y se nos despierten sentimientos negativos que puedan afectarnos tanto a nivel emocional como físico. 

mujeres autoestima imagen corporal

Para poder reconocer quienes somos, y cuál ha sido el camino andado sobre nuestra estima, se ha de hacer un alto en el camino, y sacar la belleza que cada uno de nosotros estamos dotados por dentro y por fuera. La palabra belleza proviene del latín “bellus”, palabra que, junto a “pulchro” y” fermoso”, se usaban para referirse a algo” bello o bueno de ver”.

La palabra canon viene del griego ‘kanon’ que significaba “regla o vara para medir”. El canon de belleza representa lo que una comunidad interpreta como agradable estéticamente, o lo que se ajusta a los parámetros establecidos para un conjunto de personas o cosas.

Aplicado al cuerpo humano, el canon de belleza se refiere a la idea del ‘cuerpo perfecto’, al que se le atribuyen una serie de características.

Los cánones de belleza dependen mucho del espacio y el tiempo en el que se construyen, por lo que han variado a lo largo de la historia. Si bien parece que ya desde la prehistoria el ser humano tenía ciertas preferencias estéticas, no es hasta la Antigua Grecia cuando surge un canon de belleza muy bien definido.

El arte griego se origina a través de la búsqueda de la belleza ideal a partir de la recreación del mundo platónico, es decir mediante la imitación de la naturaleza. 

Es así que el arte griego contempla tres conceptos estéticos que luego predominarían en la cultura occidental: El cuerpo humano es el fundamento de toda belleza; La belleza existe a través de la armonía de las medidas, proporciones y simetría y, por último, la belleza se fundamenta en la imitación de la naturaleza pero idealizada. 

Estos conceptos se harían más perceptibles a partir de la escultura griega, puntualmente contemplando la de tipo clásica y la Helenística (siglos IV al II A.C.).

El escultor Policleto (famoso por sus esculturas de atletas) desarrolló el ideal de belleza conocido como la ‘divina proporción’. Esta regla marcaba que el cuerpo debía medir siete veces la cabeza para que tuviese las proporciones perfectas. Más adelante, el también escultor Lisipo cambió esta medida, indicando que el cuerpo debía medir ocho veces la cabeza. Dicho cambio se vio reflejado en las esculturas a partir del siglo IV a.C., que empezaron a ser más estilizadas.

Las mujeres ideales en la Antigua Grecia eran de miembros pequeños, delgadas pero con caderas anchas y muslos generosos, cabello ondulado, senos pequeños y torneados, ojos grandes, nariz afilada y mejillas, boca y mentón ovalados. En cuanto a los hombres, el ideal de belleza eran los cuerpos altos, atléticos y musculosos, con piernas largas, mucho cabello, nariz y mandíbula poderosa, ojos amplios y boca pequeña.

El canon de belleza actual, es similar al mundo griego, se basa y da valor en aparentar juventud y tener una figura firme. Es por ello que tanto hombres como mujeres pasan horas en el gimnasio y quieren seguir dietas para mantener el cuerpo delgado. Y el mundo de la moda, de la cosmética, de la fotografía… están en alza y relacionados con tratamientos de la mejora de la imagen corporal y de la cirugía plástica. 

La preocupación constante por el aspecto físico es una característica más de la sociedad actual. En sí el cuidado de la apariencia es un valor social que nos ayuda a relacionarnos, aunque se ha de resaltar que la belleza es algo subjetivo, y que se buscan referentes en los medios sociales en los se ven influenciados por  los medios de comunicación y la publicidad. 

Una preocupación desmedida por el aspecto físico puede conducir a la aparición de trastornos alimenticios y pérdida de autoestima.

Sigue siendo socialmente inaceptable decir a los demás cosas que podríamos decirnos a nosotros mismos”, explica Heather Patrick, investigadora de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. “No filtramos nuestros juicios sobre nosotros de la misma forma en que filtramos los juicios hacia los demás”.

Cuando se lleva al extremo, la obsesión por un aspecto particular de la apariencia propia tiene un diagnóstico psiquiátrico: el trastorno dismórfico corporal. Es la razón por la cual algunas personas se someten a decenas de cirugías plásticas, pero nunca están satisfechas con los resultados, debido a las expectativas generadas sobre su imagen corporal

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